sábado, 3 de agosto de 2019

MI GRAN "PORQUÉ"


Parafraseando a mi admirado Sergio Fernández, «¿me permitís que me ponga en plan abuelo cebolleta? Gracias.»

Pues bien, en mis tiempos, y visto desde hoy, todo parecía más fácil. Teníamos muchas posibilidades de trabajo, acceder a la compra de una vivienda era más que posible, era lógico tener hijos siendo muy jóvenes...

Realmente, todo parecía menos complicado y menos costoso, al menos para la mayoría.
De hecho, mi media naranja y yo lo hicimos. Con 25 y 22 años respectivamente ya eramos padres, decisión tomada con plena conciencia, y un año después firmamos la hipoteca de la que hoy es nuestra casa. Creo que ahí la plena conciencia no era tan plena pero, oye, firmamos.

Y así fuimos con la corriente, incluso yo decidí dejar mi profesión para dedicarme a tiempo completo a mi hija y, seis años después, también a mi hijo, decisión respaldada por el empleo más que estable de mi marido.

Desde hace unos años venimos escuchando que la generación de hoy, nuestros jóvenes, vivirán peor que la generación de sus padres.
No voy a decir que mis hijos lo tengan fácil ni que estén en igualdad de condiciones que estábamos nosotros, pero me niego a creer que deban asumir esa afirmación como una realidad incuestionable y verdadera.
Alentar esos pensamientos en ellos haciéndoles creer que es así y que se deben conformar, me parece lamentable y hasta cruel.

Es más que evidente que el paradigma laboral ha cambiado y con ello, lógicamente, el social, pero como cualquier cambio siempre hay que enfocarlo como algo que nos empuje a reinventarnos, crecer y evolucionar.
Pensar en lo que hubiesen podido ser, hacer y tener comparándose con nosotros, impide que vean el enorme potencial que tienen y lo que realmente pueden llegar a lograr.

Cuando yo me fijo en mis referentes y veo la vida plena, exitosa y con propósito que han logrado, no veo mis carencias y limitaciones, no me enfoco en lo que no tengo para poder conseguirlo yo también. Pongo mi atención en cómo ellos lo han hecho y lo hacen, en mi capacidad para aprender de ellos (capacidad que todos tenemos) y en desarrollar las habilidades que sean necesarias, y trato de ir dando pasos similares, con la mejor actitud positiva y mucho entusiasmo.
Nadie dice que será fácil, nada que merezca la pena lo es, pero dejar de enfocarse en lo que nos falta o que creemos que nos limita y poner toda nuestra atención, energía y emoción en lo que queremos lograr, puede cambiar sustancialmente el rumbo de nuestras vidas.

Mi gran "PORQUÉ" son mis hijos y parte importante de mi propósito es que vean esto que aquí digo como algo real y posible, así que, al igual que nos vieron a su padre y a mi viviendo la vida que menciono arriba, tengo la responsabilidad de mostrarles que los sueños también se cumplen, y que pueden tener una mejor vida que la que la sociedad actual les muestra.
Para ello, y echándole mucho valor, hay que dejar de hacer lo que nos empeñamos en hacer porque todo el mundo lo hace y que no funciona; hay que ir en contra, muy probablemente, del entorno más cercano; hay que dejar el rebaño y ser más oveja negra que nunca, y hay que salir de esa dudosa «zona de confort».

Sí, da miedo, hasta da vértigo, pero más miedo da no hacer nada y conformarse con unas expectativas de vida mediocres.
Y si mi media naranja y yo lo estamos haciendo en la cincuentena de nuestras vidas, qué no podrán hacer nuestros hijos con toda la vida por delante.


Os quiero 😘

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