Hace un par de días una persona muy importante para mi me envió una foto suya.
En esa foto salía muy guapa y elegante, feliz y sonriente.
Y me hizo muchísima ilusión.
No parece que este gesto tenga nada de especial salvo porque es la primera vez que vi la cara de mi amiga.
A veces me pregunto como puede ser que tengamos en nuestras vidas personas cercanas con las que a duras penas nos entendemos, y otras con las que, sin conocerlas en persona, sin haber escuchado nunca su voz, sin haberlas visto jamás, sientes una conexión tan profunda. No entiendes porqué, solo sabes que hay algo invisible y fuerte que os une.
La vida me ha traído muchas personas y de las vivencias con ellas siempre me he llevado algo positivo.
Hubo personas que me hicieron la vida imposible por momentos y otras que, simplemente, me causaron cierto malestar.
Pero logré dejar de sentirme mal por ello cuando aprendí a darle el significado que yo quiero a las cosas y solo pongo mi atención en lo que aprendo, y aprendí en su momento, de esas situaciones.
De las personas que me han brindado lo mejor de ellas, es muchísimo más fácil y gratificante sacar lo positivo. A eso me aferro como a un tesoro y de ahí han salido preciosas amistades.
Esas personas con las que compartes sentimientos muy profundos y que hacen que te sientas mejor tan solo con escucharte (o leerte 😁), que te motivan a crecer, que te apoyan no solo porque seas su amiga y desean que te vaya bien, si no porque realmente creen en ti y se interesan sinceramente por lo que haces o por como te va, y con las que tu actitud es totalmente recíproca de manera natural, sin forzar sentimientos. Personas que el corazón te dice que las quieres para siempre en tu vida, pase el tiempo que pase, haya la distancia que haya.
Para mi la amistad va mucho más allá de caerse bien, de compartir ciertos gustos y de pasar momentos agradables tomando un café. Implica un poder entendimiento y comprensión que no se logra con cualquier persona, un sentimiento de conexión que, a veces, no se tiene ni con quien compartes la vida a diario. Y ni siquiera es necesario estar frente a frente, porque la energía de apoyo, entrega y cariño de la otra persona te llega por más grande que sea la distancia entre ambas.
No sé cuando ni como será el momento en que pueda darle a mi amiga ese abrazo tan anhelado por las dos, pero lo que sí sé es que ella ya forma parte de ese pequeño círculo de personas a las que quiero con todo mi corazón.
Dicen que todos somos uno, que formamos parte de un todo y que por eso, irremediablemente, estamos conectados.
Creo firmemente en esta teoría y me siento afortunada de que la vida me haya unido a gente tan extraordinaria.
Y también creo, con profunda convicción, que el corazón te guía. Y ya que se ha descubierto que es y actúa como un cerebro, hay que escucharle, sobre todo cuando te dice «esa persona debe estar en tu vida».
En esa foto salía muy guapa y elegante, feliz y sonriente.
Y me hizo muchísima ilusión.
No parece que este gesto tenga nada de especial salvo porque es la primera vez que vi la cara de mi amiga.
A veces me pregunto como puede ser que tengamos en nuestras vidas personas cercanas con las que a duras penas nos entendemos, y otras con las que, sin conocerlas en persona, sin haber escuchado nunca su voz, sin haberlas visto jamás, sientes una conexión tan profunda. No entiendes porqué, solo sabes que hay algo invisible y fuerte que os une.
La vida me ha traído muchas personas y de las vivencias con ellas siempre me he llevado algo positivo.
Hubo personas que me hicieron la vida imposible por momentos y otras que, simplemente, me causaron cierto malestar.
Pero logré dejar de sentirme mal por ello cuando aprendí a darle el significado que yo quiero a las cosas y solo pongo mi atención en lo que aprendo, y aprendí en su momento, de esas situaciones.
De las personas que me han brindado lo mejor de ellas, es muchísimo más fácil y gratificante sacar lo positivo. A eso me aferro como a un tesoro y de ahí han salido preciosas amistades.
Esas personas con las que compartes sentimientos muy profundos y que hacen que te sientas mejor tan solo con escucharte (o leerte 😁), que te motivan a crecer, que te apoyan no solo porque seas su amiga y desean que te vaya bien, si no porque realmente creen en ti y se interesan sinceramente por lo que haces o por como te va, y con las que tu actitud es totalmente recíproca de manera natural, sin forzar sentimientos. Personas que el corazón te dice que las quieres para siempre en tu vida, pase el tiempo que pase, haya la distancia que haya.
Para mi la amistad va mucho más allá de caerse bien, de compartir ciertos gustos y de pasar momentos agradables tomando un café. Implica un poder entendimiento y comprensión que no se logra con cualquier persona, un sentimiento de conexión que, a veces, no se tiene ni con quien compartes la vida a diario. Y ni siquiera es necesario estar frente a frente, porque la energía de apoyo, entrega y cariño de la otra persona te llega por más grande que sea la distancia entre ambas.
No sé cuando ni como será el momento en que pueda darle a mi amiga ese abrazo tan anhelado por las dos, pero lo que sí sé es que ella ya forma parte de ese pequeño círculo de personas a las que quiero con todo mi corazón.
Dicen que todos somos uno, que formamos parte de un todo y que por eso, irremediablemente, estamos conectados.
Creo firmemente en esta teoría y me siento afortunada de que la vida me haya unido a gente tan extraordinaria.
Y también creo, con profunda convicción, que el corazón te guía. Y ya que se ha descubierto que es y actúa como un cerebro, hay que escucharle, sobre todo cuando te dice «esa persona debe estar en tu vida».

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