Hace casi un año de la primera y única entrada de este blog.
¡Madre mía, un año, cómo pasa el tiempo!
La idea original era ir subiendo post variados, de diferentes temas, pero mi vida dio un giro de 180° cuándo descubrí mi verdadero propósito en esta vida.
No me quiero poner trascendental, porque sé que a algunos les incomoda y no pretendo inquietar a nadie, pero la verdad es que ese descubrimiento cambió todos mis esquemas y me vi inmersa en el aprendizaje del desarrollo y crecimiento personal.
En este último año he leído cerca de treinta libros, algunos varias veces, y tengo una lista de otros setenta que crece por minutos.
Empecé leyendo cuatro o cinco al mes, pero he bajado el ritmo porque ahora también estoy con formaciones y cursos online de desarrollo personal y coaching.
Para quien no sepa que son, ahí va una pequeña info.
El desarrollo personal es un proceso de transformación dónde una persona adopta una nueva mentalidad que le proporciona cambios de actitud y comportamiento con el fin de mejorar una o varias áreas de su vida.
El coaching es una técnica en la cual el coach proporciona a la persona las herramientas para facilitar su crecimiento y desarrollo personal o profesional, acompañándole durante todo el proceso.
El coaching no es terapia, no es psicología.
Es ayudar a las personas a ver y desarrollar todo el potencial que llevan dentro para lograr los objetivos que desean.
Un paso fundamental en el desarrollo personal es querer salir de nuestra zona de confort, y que no os engañe el término; esta zona no siempre es confortable, simplemente el miedo a lo desconocido nos paraliza y preferimos seguir en "lo malo conocido" antes de ir por "lo bueno por conocer".
¡Madre mía, mucho daño ha hecho el refranero español!
Y los responsables directos de este miedo a lo desconocido son nuestras creencias, y no hablo de religión, ¡ojito! Las creencias son esos pensamientos o ideas arraigados en nuestra mente que, en la mayoría de los casos ni siquiera son ciertos, y que nos limitan sin darnos cuenta.
Pero de esto ya os hablaré más extensamente en otro post.
Una cosa que sí quiero dejar clara ahora es que, independientemente de la cultura, religión, sexo, profesión, situación económica, etc, para desarrollarse y crecer hay que trabajar todos los estados: emocional, mental, físico y espiritual.
Sí, espiritual, que no religioso, no confundamos. Esta es una parte tan importante como las otras y se debe trabajar para que haya equilibrio y conexión con el resto. Y todos somos espirituales, sin excepción, solo que muchos no lo saben o no lo quieren saber.
Y sigo con mi historia, que me lío.
Metida de lleno en este proceso, empecé a buscar cuál es mi propósito de vida.
Realmente todos venimos a este mundo con un propósito, cuya finalidad fundamental es sentirnos plenos y contribuir. También es cierto que, al igual que la parte espiritual que acabo de mencionar, muchas personas jamás llegan a descubrir cuál es su propósito.
Yo lo hice, pero me costó y mucho.
Lo primero, tuve que averiguar qué es lo que me apasiona y cuál es mi don.
Ahí el bloqueo me tuvo semanas tirada por los suelos; mis creencias limitantes hicieron de las suyas y me dejaron hundida.
Apasionárme me apasionan muchas cosas: Todo lo que implique arte + creatividad me entusiasma; los que me conocéis ya sabéis cuál fue el proyecto de mi último emprendimiento.
Y las antigüedades y trastos viejos con cierto encanto o carácter. Tengo, por ejemplo, una tremenda fijación con las sillas, no lo puedo evitar.
Pero tuve que ahondar más en mí, hacerme mejores preguntas (esto es de coaching) y ser sincera conmigo misma.
Primero vi que lo que más me satisface es ayudar a otras personas a sentirse mejor y más motivadas.
Mi tiendita surgió precisamente de la idea de ayudar al artesano a ser más visible, proyecto que no dio el resultado esperado pero que sigue en mi mente y que retomaré, de alguna manera, en el futuro.
Recordé momentos de mi vida y me di cuenta de que hay personas para las que fui un apoyo emocional sin pretenderlo, solo porque así surgió y me nació hacerlo.
Seguí buscando dentro de mí para averiguar cuál era mi don, eso que uno hace de manera natural y espontánea y que no te cansas de hacer.
Ahí me vine abajo porque descubrí que estaba viendo mi mayor defecto como mi don y eso no podía ser.
Algo estaba haciendo mal.
Desde muy pequeña mi entorno me decía que hablaba mucho, demasiado. A pesar de ser terriblemente vergonzosa, en un entorno de confianza puedo hablar sin parar, y llegué a creer que hablar mucho era un defecto que había que evitar.
En ese instante en el que me encontraba buscando cuál era mi don, recordé momentos de un pasado más cercano y me vi hablando con personas que me decían "no sabes como me motiva hablar contigo" o "gracias a esto que me dices me siento mucho mejor y con más ganas de seguir", y reviví la sensación de satisfacción que sentí en aquellos momentos.
Y ahí lo vi, pero no podía entender como mi proceso de búsqueda me estaba haciendo ver mi mayor defecto como mi don. Mi cabeza daba vueltas y dudé, dudé muchísimo.
Así que seguí haciéndome las preguntas correctas, averigüe lo que otros pensaban de mí respecto a mi ¿don?, algo que algunos ya me lo venían diciendo desde tiempo atrás y yo no me lo creía.
Y acabé por entender que eso que haces de manera natural y espontánea, qué se te da bien y con lo que puedes ayudar a los demás es un don, jamás un defecto, solo hay que saber enfocarlo al propósito adecuado.
Nueve meses después de este descubrimiento me estoy formando como coach y es solo el comienzo.
Quién iba a decir que aquella entregada ama de casa que tomó la decisión de emprender allá por el 2013 y montar una peluquería, aprovechando que era su formación profesional, seis años después estaría inmersa en el mundo del desarrollo personal y del coaching, enfocada en un propósito de vida más grande que ella misma.
Mi vida, en este tiempo, ha mejorado enormemente, aunque me consta que no se ve todavía a simple vista. Ni soy rica, ni más guapa, ni tengo una mejor casa, mi vida «material», que es lo que primero se percibe, no es ni mejor ni peor que antes... Es cierto, pero el orden en el proceso es así, tan cual: el cambio empieza en el interior y en el momento correcto se verá reflejado en el exterior.
Solo es cuestión de tiempo.
Suena a guión de peli sensiblera, lo sé, pero es que es así y es la única manera de explicarlo.
Y quien ha pasado por ello lo confirma.
Te invito a buscar cuál es tu propósito de vida.
No es un tópico, realmente tu vida mejorará inevitablemente cuando lo encuentres.

Os quiero 😘