domingo, 12 de enero de 2020

ESE "ALGO" QUE APORTAR AL MUNDO


Últimamente me he encontrado varias veces con la frase «todos tenemos algo que aportar al mundo» y a mi me parece una afirmación de una certeza rotunda.

Si bien es cierto que hay quienes parecen no aportar nada bueno, en definitiva todos aportamos y eso es indudable.

No voy a entrar en temas transcendentales ni espirituales de que «todos somos Uno» y que «estamos conectados» (tranquilos, mi vena "hierbas" está controlada 😁) pero entiendo que, siendo mínimamente conscientes, todos tenemos algo bueno y positivo que ofrecer al mundo.

Y sí, lo sé, no es tan fácil ser consciente de ello. Yo misma me sorprendo muchas veces cuestionándome qué puedo dar yo a los demás  que sea valioso. Porque sí, aportar es dar, y solo se puede dar lo que se tiene. Y cuando uno cree que no tiene nada que dar, puede ser víctima de su propia frustración y, además, menospreciar lo que otros están dando.

Cuando yo me cuestiono mi propia valía, lo primero que hago es tratar de averiguar qué se me da bien y buscar como aportar con ello algo positivo a los demás.
Me enfoco en lo que tengo y dejo de pensar en lo que me falta, aunque esto no siempre fue algo que surgiera en mi de forma natural.
Tuve que trabajar mucho en mi misma para ser capaz de verlo así, pasando por varias experiencias complicadas que me hicieron valorar lo que tengo y estar agradecida por ello.

Cuando me encuentro con alguna persona que solo se enfoca en lo que le falta y ve constantemente el lado negativo de todo, haciendo patente su desencanto con la vida, escondiéndose tras una supuesta verdad de que la realidad es muy negra, me surge la necesidad de tratar de ayudarle (soy un eneatipo 2, que le vamos a hacer 😅) pero como mi gran amiga Begoña dice, muy sabiamente, «no es su momento» y no lo puedo hacer, además de que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado.

Al margen del valor que uno puede aportar con su profesión, creo realmente que todos tenemos algo muy positivo que dar al mundo, ya sea tener conocimientos en algo y compartirlos con los demás, haber superado dificultades y aprovechar esas experiencias para mejorar y trasmitirlo a otros, acompañar, escuchar, motivar...
En definitiva, dar algo a otros que les haga bien.

Pienso que si fuéramos capaces de enfocarnos en lo bueno y positivo que hay en nuestras vidas y fuéramos un poco más humildes entendiendo que no lo sabemos todo, veríamos que tenemos a nuestro alcance el conocimiento del que podemos obtener un gran beneficio para nosotros y para los demás, y así sería mucho más sencillo encontrar ese «algo» que aportar al mundo.

Si os apetece, podéis compartir qué es eso que aportáis al mundo.
Estaré encantada de leeros 😉


Os quiero 😘

domingo, 25 de agosto de 2019

ALGO INVISIBLE QUE NOS UNE


Hace un par de días una persona muy importante para mi me envió una foto suya. 
En esa foto salía muy guapa y elegante, feliz y sonriente.
Y me hizo muchísima ilusión.
No parece que este gesto tenga nada de especial salvo porque es la primera vez que vi la cara de mi amiga.

A veces me pregunto como puede ser que tengamos en nuestras vidas personas cercanas con las que a duras penas nos entendemos, y otras con las que, sin conocerlas en persona, sin haber escuchado nunca su voz, sin haberlas visto jamás, sientes una conexión tan profunda. No entiendes porqué, solo sabes que hay algo invisible y fuerte que os une.

La vida me ha traído muchas personas y de las vivencias con ellas siempre me he llevado algo positivo.
Hubo personas que me hicieron la vida imposible por momentos y otras que, simplemente, me causaron cierto malestar.
Pero logré dejar de sentirme mal por ello cuando aprendí a darle el significado que yo quiero a las cosas y solo pongo mi atención en lo que aprendo, y aprendí en su momento, de esas situaciones.

De las personas que me han brindado lo mejor de ellas, es muchísimo más fácil y gratificante sacar lo positivo. A eso me aferro como a un tesoro y de ahí han salido preciosas amistades.
Esas personas con las que compartes sentimientos muy profundos y que hacen que te sientas mejor tan solo con escucharte (o leerte 😁), que te motivan a crecer, que te apoyan no solo porque seas su amiga y desean que te vaya bien, si no porque realmente creen en ti y se interesan sinceramente por lo que haces o por como te va, y con las que tu actitud es totalmente recíproca de manera natural, sin forzar sentimientos. Personas que el corazón te dice que las quieres para siempre en tu vida, pase el tiempo que pase, haya la distancia que haya.

Para mi la amistad va mucho más allá de caerse bien, de compartir ciertos gustos y de pasar momentos agradables tomando un café. Implica un poder entendimiento y comprensión que no se logra con cualquier persona, un sentimiento de conexión que, a veces, no se tiene ni con quien compartes la vida a diario. Y ni siquiera es necesario estar frente a frente, porque la energía de apoyo, entrega y cariño de la otra persona te llega por más grande que sea la distancia entre ambas.

No sé cuando ni como será el momento en que pueda darle a mi amiga ese abrazo tan anhelado por las dos, pero lo que sí sé es que ella ya forma parte de ese pequeño círculo de personas a las que quiero con todo mi corazón.

Dicen que todos somos uno, que formamos parte de un todo y que por eso, irremediablemente, estamos conectados.
Creo firmemente en esta teoría y me siento afortunada de que la vida me haya unido a gente tan extraordinaria.

Y también creo, con profunda convicción, que el corazón te guía. Y ya que se ha descubierto que es y actúa como un cerebro, hay que escucharle, sobre todo cuando te dice «esa persona debe estar en tu vida».




Os quiero 😘

sábado, 3 de agosto de 2019

MI GRAN "PORQUÉ"


Parafraseando a mi admirado Sergio Fernández, «¿me permitís que me ponga en plan abuelo cebolleta? Gracias.»

Pues bien, en mis tiempos, y visto desde hoy, todo parecía más fácil. Teníamos muchas posibilidades de trabajo, acceder a la compra de una vivienda era más que posible, era lógico tener hijos siendo muy jóvenes...

Realmente, todo parecía menos complicado y menos costoso, al menos para la mayoría.
De hecho, mi media naranja y yo lo hicimos. Con 25 y 22 años respectivamente ya eramos padres, decisión tomada con plena conciencia, y un año después firmamos la hipoteca de la que hoy es nuestra casa. Creo que ahí la plena conciencia no era tan plena pero, oye, firmamos.

Y así fuimos con la corriente, incluso yo decidí dejar mi profesión para dedicarme a tiempo completo a mi hija y, seis años después, también a mi hijo, decisión respaldada por el empleo más que estable de mi marido.

Desde hace unos años venimos escuchando que la generación de hoy, nuestros jóvenes, vivirán peor que la generación de sus padres.
No voy a decir que mis hijos lo tengan fácil ni que estén en igualdad de condiciones que estábamos nosotros, pero me niego a creer que deban asumir esa afirmación como una realidad incuestionable y verdadera.
Alentar esos pensamientos en ellos haciéndoles creer que es así y que se deben conformar, me parece lamentable y hasta cruel.

Es más que evidente que el paradigma laboral ha cambiado y con ello, lógicamente, el social, pero como cualquier cambio siempre hay que enfocarlo como algo que nos empuje a reinventarnos, crecer y evolucionar.
Pensar en lo que hubiesen podido ser, hacer y tener comparándose con nosotros, impide que vean el enorme potencial que tienen y lo que realmente pueden llegar a lograr.

Cuando yo me fijo en mis referentes y veo la vida plena, exitosa y con propósito que han logrado, no veo mis carencias y limitaciones, no me enfoco en lo que no tengo para poder conseguirlo yo también. Pongo mi atención en cómo ellos lo han hecho y lo hacen, en mi capacidad para aprender de ellos (capacidad que todos tenemos) y en desarrollar las habilidades que sean necesarias, y trato de ir dando pasos similares, con la mejor actitud positiva y mucho entusiasmo.
Nadie dice que será fácil, nada que merezca la pena lo es, pero dejar de enfocarse en lo que nos falta o que creemos que nos limita y poner toda nuestra atención, energía y emoción en lo que queremos lograr, puede cambiar sustancialmente el rumbo de nuestras vidas.

Mi gran "PORQUÉ" son mis hijos y parte importante de mi propósito es que vean esto que aquí digo como algo real y posible, así que, al igual que nos vieron a su padre y a mi viviendo la vida que menciono arriba, tengo la responsabilidad de mostrarles que los sueños también se cumplen, y que pueden tener una mejor vida que la que la sociedad actual les muestra.
Para ello, y echándole mucho valor, hay que dejar de hacer lo que nos empeñamos en hacer porque todo el mundo lo hace y que no funciona; hay que ir en contra, muy probablemente, del entorno más cercano; hay que dejar el rebaño y ser más oveja negra que nunca, y hay que salir de esa dudosa «zona de confort».

Sí, da miedo, hasta da vértigo, pero más miedo da no hacer nada y conformarse con unas expectativas de vida mediocres.
Y si mi media naranja y yo lo estamos haciendo en la cincuentena de nuestras vidas, qué no podrán hacer nuestros hijos con toda la vida por delante.


Os quiero 😘

jueves, 25 de julio de 2019

UN GIRO DE 180°



Hace casi un año de la primera y única entrada de este blog.
¡Madre mía, un año, cómo pasa el tiempo!
La idea original era ir subiendo post variados, de diferentes temas, pero mi vida dio un giro de 180° cuándo descubrí mi verdadero propósito en esta vida.

No me quiero poner trascendental, porque sé que a algunos les incomoda y no pretendo inquietar a nadie, pero la verdad es que ese descubrimiento cambió todos mis esquemas y me vi inmersa en el aprendizaje del desarrollo y crecimiento personal.

En este último año he leído cerca de treinta libros, algunos varias veces, y tengo una lista de otros setenta que crece por minutos.
Empecé leyendo cuatro o cinco al mes, pero he bajado el ritmo porque ahora también estoy con formaciones y cursos online de desarrollo personal y coaching.

Para quien no sepa que son, ahí va una pequeña info.

El desarrollo personal es un proceso de transformación dónde una persona adopta una nueva mentalidad que le proporciona cambios de actitud y comportamiento con el fin de mejorar una o varias áreas de su vida.
El coaching es una técnica en la cual el coach proporciona a la persona las herramientas para facilitar su crecimiento y desarrollo personal o profesional, acompañándole durante todo el proceso.
El coaching no es terapia, no es psicología.
Es ayudar a las personas a ver y desarrollar todo el potencial que llevan dentro para lograr los objetivos que desean.

Un paso fundamental en el desarrollo personal es querer salir de nuestra zona de confort, y que no os engañe el término; esta zona no siempre es confortable, simplemente el miedo a lo desconocido nos paraliza y preferimos seguir en "lo malo conocido" antes de ir por "lo bueno por conocer".
¡Madre mía, mucho daño ha hecho el refranero español!
Y los responsables directos de este miedo a lo desconocido son nuestras creencias, y no hablo de religión, ¡ojito! Las creencias son esos pensamientos o ideas arraigados en nuestra mente que, en la mayoría de los casos ni siquiera son ciertos, y que nos limitan sin darnos cuenta.
Pero de esto ya os hablaré más extensamente en otro post.

Una cosa que sí quiero dejar clara ahora es que, independientemente de la cultura, religión, sexo, profesión, situación económica, etc, para desarrollarse y crecer hay que trabajar todos los estados: emocional, mental, físico y espiritual.
Sí, espiritual, que no religioso, no confundamos. Esta es una parte tan importante como las otras y se debe trabajar para que haya equilibrio y conexión con el resto. Y todos somos espirituales, sin excepción, solo que muchos no lo saben o no lo quieren saber.

Y sigo con mi historia, que me lío.

Metida de lleno en este proceso, empecé a buscar cuál es mi propósito de vida.
Realmente todos venimos a este mundo con un propósito, cuya finalidad fundamental es sentirnos plenos y contribuir. También es cierto que, al igual que la parte espiritual que acabo de mencionar, muchas personas jamás llegan a descubrir cuál es su propósito.
Yo lo hice, pero me costó y mucho.

Lo primero, tuve que averiguar qué es lo que me apasiona y cuál es mi don.
Ahí el bloqueo me tuvo semanas tirada por los suelos; mis creencias limitantes hicieron de las suyas y me dejaron hundida.
Apasionárme me apasionan muchas cosas: Todo lo que implique arte + creatividad me entusiasma; los que me conocéis ya sabéis cuál fue el proyecto de mi último emprendimiento.
Y las antigüedades y trastos viejos con cierto encanto o carácter. Tengo, por ejemplo, una tremenda fijación con las sillas, no lo puedo evitar.
Pero tuve que ahondar más en mí, hacerme mejores preguntas (esto es de coaching) y ser sincera conmigo misma.

Primero vi que lo que más me satisface es ayudar a otras personas a sentirse mejor y más motivadas.
Mi tiendita surgió precisamente de la idea de ayudar al artesano a ser más visible, proyecto que no dio el resultado esperado pero que sigue en mi mente y que retomaré, de alguna manera, en el futuro.
Recordé momentos de mi vida y me di cuenta de que hay personas para las que fui un apoyo emocional sin pretenderlo, solo porque así surgió y me nació hacerlo.
Seguí buscando dentro de mí para averiguar cuál era mi don, eso que uno hace de manera natural y espontánea y que no te cansas de hacer.

Ahí me vine abajo porque descubrí que estaba viendo mi mayor defecto como mi don y eso no podía ser.
Algo estaba haciendo mal.

Desde muy pequeña mi entorno me decía que hablaba mucho, demasiado. A pesar de ser terriblemente vergonzosa, en un entorno de confianza puedo hablar sin parar, y llegué a creer que hablar mucho era un defecto que había que evitar.
En ese instante en el que me encontraba buscando cuál era mi don, recordé momentos de un pasado más cercano y me vi hablando con personas que me decían "no sabes como me motiva hablar contigo" o "gracias a esto que me dices me siento mucho mejor y con más ganas de seguir", y reviví la sensación de satisfacción que sentí en aquellos momentos.
Y ahí lo vi, pero no podía entender como mi proceso de búsqueda me estaba haciendo ver mi mayor defecto como mi don. Mi cabeza daba vueltas y dudé, dudé muchísimo.

Así que seguí haciéndome las preguntas correctas, averigüe lo que otros pensaban de mí respecto a mi ¿don?, algo que algunos ya me lo venían diciendo desde tiempo atrás y yo no me lo creía.
Y acabé por entender que eso que haces de manera natural y espontánea, qué se te da bien y con lo que puedes ayudar a los demás es un don, jamás un defecto, solo hay que saber enfocarlo al propósito adecuado.

Nueve meses después de este descubrimiento me estoy formando como coach y es solo el comienzo.
Quién iba a decir que aquella entregada ama de casa que tomó la decisión de emprender allá por el 2013 y montar una peluquería, aprovechando que era su formación profesional, seis años después estaría inmersa en el mundo del desarrollo personal y del coaching, enfocada en un propósito de vida más grande que ella misma.

Mi vida, en este tiempo, ha mejorado enormemente, aunque me consta que no se ve todavía a simple vista. Ni soy rica, ni más guapa, ni tengo una mejor casa, mi vida «material», que es lo que primero se percibe, no es ni mejor ni peor que antes... Es cierto, pero el orden en el proceso es así, tan cual: el cambio empieza en el interior y en el momento correcto se verá reflejado en el exterior.
Solo es cuestión de tiempo.
Suena a guión de peli sensiblera, lo sé, pero es que es así y es la única manera de explicarlo.
Y quien ha pasado por ello lo confirma.

Te invito a buscar cuál es tu propósito de vida.
No es un tópico, realmente tu vida mejorará inevitablemente cuando lo encuentres.


Os quiero 😘

viernes, 3 de agosto de 2018

¿HABLAMOS?

Siempre me ha gustado escribir; desde pequeña. Escribir y dibujar. Y no sé hacer bien ni uno ni otro, claro está.
De aprender a dibujar bien me quedé con las ganas. Mi sueño frustrado fue estudiar Bellas Artes.
Soy creativa; mucho.
Al final me hice peluquera.

Supongo que, por circunstancias, me enamoré de esa profesión. Imagino que tendrá mucho que ver la profunda admiración que sentía de pequeña por una vecina peluquera.

Lo de escribir no sé de donde me viene, aunque es posible que mi afición lectora sea la culpable. Y que me guste muchísimo hablar, también (y quien me conoce lo sabe) Porque escribir es hablar, es contar lo que quieras, lo que te inquieta, lo que te gusta, lo que te preocupa, lo que te motiva. En formato escrito pero, a fin de cuentas, hablar.

Ayer, mientras disfrutaba de la tarde con unas amigas, hablábamos de retiros espirituales, donde te relajas en silencio, desconectas y dejas que todo fluya. Y yo pensaba "Yo, sin hablar con nadie... Que difícil"
Y por eso este blog.
Para hablaros, para que hablemos. Unas veces sobre experiencias propias, otras sobre temas creativos; otras, porqué no, sobre la vida misma.
Después de todo, con cada cosa que hacemos o pensamos, creamos nuestro día a día.
Y yo hago de cada uno mi día favorito.


Os quiero 😘

ESE "ALGO" QUE APORTAR AL MUNDO

Últimamente me he encontrado varias veces con la frase «todos tenemos algo que aportar al mundo» y a mi me parece una afirmación de una ...