domingo, 25 de agosto de 2019

ALGO INVISIBLE QUE NOS UNE


Hace un par de días una persona muy importante para mi me envió una foto suya. 
En esa foto salía muy guapa y elegante, feliz y sonriente.
Y me hizo muchísima ilusión.
No parece que este gesto tenga nada de especial salvo porque es la primera vez que vi la cara de mi amiga.

A veces me pregunto como puede ser que tengamos en nuestras vidas personas cercanas con las que a duras penas nos entendemos, y otras con las que, sin conocerlas en persona, sin haber escuchado nunca su voz, sin haberlas visto jamás, sientes una conexión tan profunda. No entiendes porqué, solo sabes que hay algo invisible y fuerte que os une.

La vida me ha traído muchas personas y de las vivencias con ellas siempre me he llevado algo positivo.
Hubo personas que me hicieron la vida imposible por momentos y otras que, simplemente, me causaron cierto malestar.
Pero logré dejar de sentirme mal por ello cuando aprendí a darle el significado que yo quiero a las cosas y solo pongo mi atención en lo que aprendo, y aprendí en su momento, de esas situaciones.

De las personas que me han brindado lo mejor de ellas, es muchísimo más fácil y gratificante sacar lo positivo. A eso me aferro como a un tesoro y de ahí han salido preciosas amistades.
Esas personas con las que compartes sentimientos muy profundos y que hacen que te sientas mejor tan solo con escucharte (o leerte 😁), que te motivan a crecer, que te apoyan no solo porque seas su amiga y desean que te vaya bien, si no porque realmente creen en ti y se interesan sinceramente por lo que haces o por como te va, y con las que tu actitud es totalmente recíproca de manera natural, sin forzar sentimientos. Personas que el corazón te dice que las quieres para siempre en tu vida, pase el tiempo que pase, haya la distancia que haya.

Para mi la amistad va mucho más allá de caerse bien, de compartir ciertos gustos y de pasar momentos agradables tomando un café. Implica un poder entendimiento y comprensión que no se logra con cualquier persona, un sentimiento de conexión que, a veces, no se tiene ni con quien compartes la vida a diario. Y ni siquiera es necesario estar frente a frente, porque la energía de apoyo, entrega y cariño de la otra persona te llega por más grande que sea la distancia entre ambas.

No sé cuando ni como será el momento en que pueda darle a mi amiga ese abrazo tan anhelado por las dos, pero lo que sí sé es que ella ya forma parte de ese pequeño círculo de personas a las que quiero con todo mi corazón.

Dicen que todos somos uno, que formamos parte de un todo y que por eso, irremediablemente, estamos conectados.
Creo firmemente en esta teoría y me siento afortunada de que la vida me haya unido a gente tan extraordinaria.

Y también creo, con profunda convicción, que el corazón te guía. Y ya que se ha descubierto que es y actúa como un cerebro, hay que escucharle, sobre todo cuando te dice «esa persona debe estar en tu vida».




Os quiero 😘

sábado, 3 de agosto de 2019

MI GRAN "PORQUÉ"


Parafraseando a mi admirado Sergio Fernández, «¿me permitís que me ponga en plan abuelo cebolleta? Gracias.»

Pues bien, en mis tiempos, y visto desde hoy, todo parecía más fácil. Teníamos muchas posibilidades de trabajo, acceder a la compra de una vivienda era más que posible, era lógico tener hijos siendo muy jóvenes...

Realmente, todo parecía menos complicado y menos costoso, al menos para la mayoría.
De hecho, mi media naranja y yo lo hicimos. Con 25 y 22 años respectivamente ya eramos padres, decisión tomada con plena conciencia, y un año después firmamos la hipoteca de la que hoy es nuestra casa. Creo que ahí la plena conciencia no era tan plena pero, oye, firmamos.

Y así fuimos con la corriente, incluso yo decidí dejar mi profesión para dedicarme a tiempo completo a mi hija y, seis años después, también a mi hijo, decisión respaldada por el empleo más que estable de mi marido.

Desde hace unos años venimos escuchando que la generación de hoy, nuestros jóvenes, vivirán peor que la generación de sus padres.
No voy a decir que mis hijos lo tengan fácil ni que estén en igualdad de condiciones que estábamos nosotros, pero me niego a creer que deban asumir esa afirmación como una realidad incuestionable y verdadera.
Alentar esos pensamientos en ellos haciéndoles creer que es así y que se deben conformar, me parece lamentable y hasta cruel.

Es más que evidente que el paradigma laboral ha cambiado y con ello, lógicamente, el social, pero como cualquier cambio siempre hay que enfocarlo como algo que nos empuje a reinventarnos, crecer y evolucionar.
Pensar en lo que hubiesen podido ser, hacer y tener comparándose con nosotros, impide que vean el enorme potencial que tienen y lo que realmente pueden llegar a lograr.

Cuando yo me fijo en mis referentes y veo la vida plena, exitosa y con propósito que han logrado, no veo mis carencias y limitaciones, no me enfoco en lo que no tengo para poder conseguirlo yo también. Pongo mi atención en cómo ellos lo han hecho y lo hacen, en mi capacidad para aprender de ellos (capacidad que todos tenemos) y en desarrollar las habilidades que sean necesarias, y trato de ir dando pasos similares, con la mejor actitud positiva y mucho entusiasmo.
Nadie dice que será fácil, nada que merezca la pena lo es, pero dejar de enfocarse en lo que nos falta o que creemos que nos limita y poner toda nuestra atención, energía y emoción en lo que queremos lograr, puede cambiar sustancialmente el rumbo de nuestras vidas.

Mi gran "PORQUÉ" son mis hijos y parte importante de mi propósito es que vean esto que aquí digo como algo real y posible, así que, al igual que nos vieron a su padre y a mi viviendo la vida que menciono arriba, tengo la responsabilidad de mostrarles que los sueños también se cumplen, y que pueden tener una mejor vida que la que la sociedad actual les muestra.
Para ello, y echándole mucho valor, hay que dejar de hacer lo que nos empeñamos en hacer porque todo el mundo lo hace y que no funciona; hay que ir en contra, muy probablemente, del entorno más cercano; hay que dejar el rebaño y ser más oveja negra que nunca, y hay que salir de esa dudosa «zona de confort».

Sí, da miedo, hasta da vértigo, pero más miedo da no hacer nada y conformarse con unas expectativas de vida mediocres.
Y si mi media naranja y yo lo estamos haciendo en la cincuentena de nuestras vidas, qué no podrán hacer nuestros hijos con toda la vida por delante.


Os quiero 😘

ESE "ALGO" QUE APORTAR AL MUNDO

Últimamente me he encontrado varias veces con la frase «todos tenemos algo que aportar al mundo» y a mi me parece una afirmación de una ...